La ciencia explica las razones detrás de las diferencias en la crianza de los hermanos y cómo influye el orden de nacimiento en la personalidad.
Existe una duda frecuente en la psicología educativa sobre si es posible educar de forma idéntica a todos los hijos que crecen bajo un mismo techo. Aunque se comparta el hogar y a los mismos padres, la evidencia apunta a que cada descendiente experimenta un proceso distinto que demanda atención personalizada.
La influencia del orden de nacimiento
Ya en 1927, el psicoterapeuta Alfred Adler planteó que la posición cronológica dentro de la familia moldea la personalidad y la manera en que el menor percibe su entorno. A esto se suma que la experiencia de los progenitores evoluciona con los años, acumulando herramientas emocionales y modificando sus rutinas cotidianas con cada nuevo integrante.
Por su parte, el psicólogo Frank Sulloway sugirió en 1996 que los hermanos buscan diferenciarse entre sí para encontrar un sentido de pertenencia y evitar competir en el mismo terreno, adoptando roles específicos dentro del núcleo familiar.
El perfil y los retos del primogénito
Los hijos mayores suelen recibir atención exclusiva durante su primera etapa, lo que genera grandes expectativas adultas sobre ellos. Entre los rasgos más comunes de los primogénitos se encuentran:
- Alta exigencia y perfeccionismo.
- Autonomía y sentido de la responsabilidad.
- Cautela y espíritu competitivo.
No obstante, los expertos advierten que depositar demasiada presión sobre el hermano mayor puede provocar que asuma roles impropios de su edad. Proteger la infancia y evitar cargas excesivas resulta vital para un desarrollo sano y equilibrado, permitiendo que cada hijo reciba el acompañamiento adecuado según sus propias necesidades.
Con información de feeds.elpais.com.
Foto de portada: Gustavo Fring en Pexels.

